Así afectan a nuestra salud los alimentos funcionales, probióticos y prebióticos.

Hoy en día el mundo de la alimentación y su industria asociada están sufriendo una serie de cambios en busca de nuevos y potenciales clientes y de la mejora de la calidad de vida de los mismos.

Debido a este nuevo rumbo en la industria de alimentación estamos pasando de una alimentación adecuada, es decir, aquella en la que el individuo se alimenta para suplir la necesidad de nutrientes y de energía a una alimentación óptima, en la que aparte de cubrir las necesidades fisiológicas se da importancia a la mejoría de la salud del individuo, de ahí surgen los alimentos funcionales, estos alimentos son los que contienen compuestos activos biológicamente, proporcionando beneficios para la salud, ya sea ayudando a reducir el efecto de alguna enfermedad o proporcionando nutrientes que mejoren la salud de personas ya sanas.

 


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Dentro de los alimentos funcionales tenemos una gran variedad: alimentos fermentados, determinados ácidos grasos, esteroles, etc. Hoy vamos a ver dos grupos de alimentos que pueden ser fácilmente confundidos el uno con el otro y que suelen ir dados de la mano, hablamos de alimentos probióticos y alimentos prebióticos.

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Los alimentos funcionales forman parte de la dieta de los humanos desde hace siglos a través de la fermentación.

Los alimentos probióticos están compuestos por microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas dan al consumidor un beneficio para su salud, hay que aclarar que un alimento no es probiótico cuando los nutrientes o sustancias que contienen son productos o constituyentes de los microorganismos, es decir, si una bacteria segrega una sustancia y la añadimos a un alimento este alimento no es probióticos al no contener a la bacteria sino a su producto.

Para que un alimento se considere probiótico debe haber detrás un trabajo de investigación sobre la cepa bacteriana con la que se está fabricando. Para que un microorganismo sea calificado como probiótico es imprescindible que su eficacia sea demostrada de manera científica mediante estudios sobre población humana y siguiendo la metodología adecuada. Si queda probado científicamente que una cepa bacteriana es capaz de generar un beneficio en el hospedador será autorizada para su uso comercial. Aquí hay que dejar claro que si una cepa demuestra los efectos saludables sobre algo concreto, por ejemplo la prevención de diarreas, no tiene por qué serlo para otras indicaciones como pueden ser alergias, inflamaciones intestinales, etc.

En Europa todo esto lo regula la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), se encarga de aceptar o rechazar las evidencias científicas para cada probiótico. Desde 2010 los fabricantes deben ofrecer al consumidor información sobre los efectos beneficiosos para la salud, recomendaciones y las posibles contraindicaciones.

En el campo de los probióticos actualmente lo más avanzado y consumido son las bacterias del ácido láctico (BAL) presentes en grandes variedades de alimentos derivados de los lácteos fermentados, las más usadas son las cepas de Lactobacillus y de Bifidobacterium en combinación con Thermophilus. Además de los alimentos lácteos fermentados se pueden encontrar como suplementos alimenticios en forma de pastillas, cápsulas, etc.

 

 

Aunque los probióticos son alimentos cada vez más extendidos están mucho más limitados por la necesidad de demostrar su eficacia y lo más consumido suelen ser los alimentos prebióticos.

Los alimentos prebióticos son ingredientes alimentarios que son fermentados por el huésped de manera selectiva proporcionando cambios en la composición y actividad de la microbiota (microorganismos que viven en nuestro sistema digestivo), confiriendo beneficios en la salud del individuo. Normalmente suelen ser polisacáridos no amiláceos y oligosacáridos que no son digeribles por las enzimas humanas, por tanto son alimento directo para un determinado grupo de bacterias residentes en el tracto digestivo favoreciendo su crecimiento frente a otras nocivas.

Para que un componente de un alimento se considere prebiótico debe cumplir una serie de requisitos:

  • No ser hidrolizado o absorbido en el tracto intestinal superior.
  • Ser fermentado selectivamente por bacterias beneficiosas.
  • Ser capaz de inducir efectos beneficiosos para la salud.

Estas sustancias pueden estar presentes de forma natural en un alimento o bien se pueden añadir de manera química, normalmente los prebióticos que se utilizan forman parte de estos cuatro grupos.

  1. Fructanos tipo insulina y FOS, estos últimos son derivados de la inulina (polisacáridos) que están presentes en productos vegetales o bien se producen a través de un proceso de transfructosilación enzimática a partir de sacarosa usando fructosiltransferasas.
  2. Galactooligosacáridos, son compuestos industriales obtenidos a partir de la lactosa presente en el suero de los quesos.
  3. Lactulosa, es el disacárido más sencillo, se obtiene de manera sintética.
  4. Oligosacáridos de leche humana, presentes en una concentracion de 12 a 14 g/L en leche humana se considera el primer prebiótico de la alimentación humana.

Hay otros muchos oligosacáridos pendientes de estudio para demostrar su funcionalidad ya que la industria alimentaria los está requiriendo cada vez con más fuerza, sobre todo los derivados de alimentos vegetales fermentados presentes en nuestra dieta.

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Berenjenas, aceitunas, chucrut, miso y otros vegetales fermentados son considerados pre y probióticos.

El problema reside en demostrar su eficacia en primera instancia y de tener una producción controlada, se debe conocer perfectamente su estructura y composición, hay que tener en cuenta que cuando una sustancia se produce en grandes cantidades no se genera sólo una de ellas, siempre se nos van a presentar en mezclas de varios oligosacáridos con una composición indeterminada y de sus isómeros, por lo tanto, hay que controlar la composición y el que los isómeros que se generan no son perjudiciales para la salud (como ha ocurrido otras muchas veces en la industria).

Según evidencias científicas los prebióticos son buenos para la salud y el bienestar del hospedador debido a su capacidad para regular la microbiota, ayudando a reducir algunas enfermedades intestinales e incluso sistémicas, los prebióticos estimulan el crecimiento de bacterias fermentativas (bifidobacterias y lactobacilos), favorecen la absorción de minerales, reducen la presión arterial, el colesterol, niveles de glucosa, triglicéridos y fosfolípidos en sangre y generan SFCA disminuyendo el pH intestinal y controlando a las comunidades de microorganismos perjudiciales.

Algunas enfermedades que se han visto mejoradas son:

  • Colon irritable.
  • Enfermedades inflamatorias intestinales.
  • Crónicas como Crohn o Pouchitis.
  • Actúa como protector frente a infecciones intestinales (diarreas).

Como se puede ver tanto los prebióticos como los probióticos son beneficiosos para la salud, pero todo tiene sus límites, o recomendaciones.

Hay que tener en cuenta un factor muy importantes para evitar efectos adversos, si la cantidad de estas sustancias y microorganismos es excesiva puede llegar el caso en el que tengamos molestias intestinales, diarreas y flatulencias como caso más liviano. Un consumo excesivo puede llevarnos a eliminar cepas de microorganismos de nuestra microbiota siendo invadidos por aquellos que estamos alimentando de manera excesiva siendo totalmente contraproducente, debemos mantener siempre el equilibro en nuestra biota intestinal para que tenga un correcto funcionamiento. Como ejemplo, si consumimos más de 20 g al día de GOS tendremos como efecto adverso la aparición de diarreas y la consiguiente pérdida en la biota.

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Reacción de transformación de dos moléculas de Lactosa en GOS y glucosa usando como catalizador a la B-Galactosidasa.

Para cada individuo hay que tener en cuenta el tipo de oligosacáridos y su microbiota intestinal existente antes de suplementar la dieta. De nada nos sirve tomar un prebiótico que no va a ser digerido por ningún microorganismo porque ese en concreto no está presente, por tanto, no vamos a obtener beneficio alguno. En el caso de probióticos, hay que tener en cuenta la biota ya existente para no eliminar la propia por otra externa, ya que esto puede llevarnos a que nos veamos sin nuestros microorganismos innatos y dependamos siempre de estar añadiéndolos a través de la dieta, esto es peligroso en caso de infecciones ya que nuestra biota no sería capaz de regenerarse habiendo casos casos en los que se ha tenido que replantar la biota.

Por tanto, este tipo de alimentos son buenos como todo en su justa proporción y utilizándolos con conocimiento y, en cierto modo, de manera guiada por médicos o profesionales, de nada nos sirve arrasar con el lineal de alimentos pro/prebióticos del supermercado si no vamos a tener beneficio alguno.

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