Bisfenol A, el contaminante presente en tus cosméticos

Los productos químicos provenientes de la industria del plástico forman parte de nuestra vida cotidiana, tras la revolución industrial se convirtieron en la base de la sociedad dándonos productos versátiles y, sobre todo, asequibles para todo el público. Este desarrollo nos ha permitido llegar a donde estamos y eso es tremendamente genial, aunque como todo tiene su contrapartida.

Hoy quiero hablar sobre el Bisfenol A, qué es, dónde está y su efecto en los organismos vivos.

El Bisfenol A (BPA) es un componente de los policarbonatos, resinas epóxidas y diversos materiales poliméricos, podría decirse que casi la totalidad de los plásticos lo contienen y de ahí la importancia de conocerlo. Este compuesto es un «disruptor endocrino», o lo que es lo mismo, una sustancia capaz de alterar el equilibrio hormonal de los organismos con los que está en contacto, al interferir en la creación y regulación de hormonas en los cuerpos en los que se encuentran puede causar problemas de salud graves, obesidad, infertilidad, diabetes y determinados tipos de cáncer (mama, próstata, etc.).


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La mayor fuente de BPA para los humanos es a través de contacto directo con envases e ingesta de alimentos, este compuesto está presente en todo aquello que sea de naturaleza polimérica, es decir, envases desechables como los vasos de plástico, biberones y tetinas para bebés, tablas de cortar, envases de almacenaje, utensilios de cocina, etc.

También está presente en latas de bebidas y comida y de brick multicapa como los usados para la leche, porque aunque nos parezca que estamos comprando envases de metal o de cartón en realidad estos nunca están en contacto directo con el alimento, todo metal debe estar cubierto por una capa de plástico (resinas epoxi, vinílica…) para evitar la corrosión y la migración del mismo al alimento, y los envases multicapa siguen la misma línea (plástico/aluminio/cartón/plástico).

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Los alimentos en sí pueden contener BPA, ya sea por transferencia directa del envase o por la contaminación medioambiental, la cual hay que tener siempre en cuenta por la cantidad de vertidos que se realizan a las aguas.

En cosmética está también presente, siendo muchas veces parte de la misma composición de productos de cuidado y aseo personal, al igual que los parabenos y ftalatos, afortunadamente en este sector está habiendo una corriente de cambio hacia el uso de productos formulados sin estos compuestos y cada vez es más fácil de encontrar en los lineales de los supermercados.

Hasta ahora la Unión Europea ha mantenido que el BPA no era peligroso para el organismo, mientras que toda la comunidad científica decía lo contrario apoyándose en estudios que así lo afirmaban. Francia en 2013 redactó y empezó a aplicar una norma contra la producción y venta de productos que contienen BPA, primero para productos de bebés y al final acabó siendo aplicada a todos los plásticos destinados a alimentación.

A raíz de una reciente publicación por el Instituto Nacional de Salud Pública danés, la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) ha tenido que poner en marcha un grupo internacional de expertos  para reevaluar la situación del BPA tras haberse demostrado su efecto adverso en el sistema inmune de fetos y niños. Esperemos que en esta ocasión la EFSA actúe como se espera de ella y regule finalmente este tipo de compuestos y comience su monitorización, aunque habría que esperar al año 2017/2018.

La pregunta después de leer esto puede ser ‘¿Y yo qué hago?’. En principio no debe haber una gran alerta pública ni nada por el estilo, pero como siempre es recomendable el uso de envases de vidrio, ya no sólo por este compuesto, si no por la naturaleza inerte del mismo. Como todo, es algo con lo que vivimos, pero es un paso adelante el que las Agencias Internacionales empiecen a preocuparse por nuestro futuro.

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