Feromonas para reducir el uso de plaguicidas

Desde principios de los años 30 del pasado siglo la agricultura se ha servido de los plaguicidas, en aquel momento conocidos como pesticidas, para poder expandirse y hacer frente a la demanda de alimentos de una población en constante aumento.

Los primeros plaguicidas utilizados eran de origen inorgánico, su poco efecto hizo que se necesitara una segunda generación de plaguicidas de manera rápida y se desarrollaron los primeros plaguicidas sintéticos. El rey de esta segunda generación fue el conocido DDT (diclorodifenil-tricloroetano), introducido en 1942.

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Estructura química del DDT

El éxito de este tipo de plaguicida aceleró el desarrollo de la familia de compuestos organoclorados a la que pertenece, estos compuestos tienen una alta persistencia en el medio ambiente, son liposolubles y no son degradados por los seres vivos, o lo que es lo mismo, se acumula en la grasa de los animales y humanos.


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Tras descubrirse en los años 60-70 los peligros de estos compuestos, se prohibió su uso y se desarrollaron nuevos compuestos, la siguiente generación fueron los plaguicidas de la familia de los organofosforados, la función de estos plaguicidas es bloquear de manera irreversible a la enzima acetilcolineterasa en insectos y mamíferos, son compuestos de vida media corta y los mamíferos los metabolizan rápidamente en compuestos inocuos y son fácilmente eliminados. A partir de ahí, y hasta ahora, los plaguicidas se han ido desarrollando con estructuras de piretroides y sulfonilureas.

El uso de plaguicidas lleva consecuentemente una serie de daños al medio ambiente, la contaminación de aguas y suelos, aire, modificaciones en la conducta y salud de otros animales, etc.

Centrándonos en el uso de estos plaguicidas el gran problema (y que agrava lo anteriormente citado) es que los insectos van desarrollando resistencia a los insecticidas (¡Anda, como las bacterias y los antibióticos!). Algunos insectos son de manera natural resistentes a los plaguicidas, cuando nosotros los aplicamos, estos insectos seguirán con vida, reproduciéndose y aumentando el número de individuos en la población que resisten a ese plaguicida en concreto, por este motivo las explotaciones agrícolas usan mayores cantidades de plaguicidas y realizando rotación para intentar eliminar los insectos. Esto al principio puede funcionar pero acaba siendo incluso peor al generar resistencias mayores.

En la actualidad se están desarrollando nuevos métodos de tratamientos de plagas basados en la semioquímica, esta rama de la química se sirve de los compuestos que utilizan los insectos para comunicarse entre ellos (porque los insectos se comunican a través de sustancias químicas) para modificar su comportamiento. Por ejemplo, se pueden usar feromonas femeninas de un insecto para atraer a la población masculina hacia un lugar deseado o una trampa, impidiendo que se puedan reproducir. Este tipo de práctica está en aumento y se combina con el uso de frecuencias sonoras en FM, ultrasonidos, etc., es totalmente inocuo con el medio ambiente al ser sustancias que ya están en él y nos permiten tratar mejor al medio ambiente y los seres vivos que lo habitan.

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Quimiorreceptores de un insecto al microscópio

El uso de plaguicidas no se puede eliminar por razones básicas y la necesidad de alimentos, pero el uso combinado con la semioquímica puede hacer que las dosis usadas y necesarias se reduzcan en grandes cantidades.

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